Cosalá, un viaje en el tiempo

cosalaAcabo de volver de un viaje familiar a este municipio sinaloense llamado Cosalá. Hacía casi ocho años que no viajábamos fuera del municipio, ni siquiera al tan concurrido y popular puerto turístico de Mazatlán (al que sí he ido en compañía de amigos; la última vez hace poco más de un año desafortunadamente, pues me gustaría ir más). Y de la nada, a manera de salida espontánea (en la que mucho tuvo que ver mi cuñado -un excelente amigo-),  mis padres comenzaron a hablar de una salida primero a Barras de Piaxtla por recomendación de unos vecinos también amigos por supuesto, pero más tarde la salida cambió a Cosalá, del que sólo sabíamos que es un “pueblo mágico”.

¿Qué es un pueblo mágico? Lo mismo me pregunté así que leí un poco y descubrí que es una distinción que se hace con fines turísticos, pero mucho más de preservación e identidad nacional, a aquellos sitios que guardan un vínculo con nuestro pasado como país (sí, ya sabes: nuestra relación con los españoles durante la Conquista, principalmente, así como los orígenes indígenas de las tribus prehispánicas que habitaban en nuestro país: Mesoamérica – Aridoamérica). Pero nunca imaginé que un pueblo mágico sería así como lo descubriría cuando llegamos a nuestro destino.

Investigamos luego hoteles, que fueran económicos y que estuviesen en buen estado también. Que contara, ya sabes, con lo básico pero también lo no tan básico: confort y salubridad. Finalmente mi papá reservó en uno de nombre Ruizueño, ubicado en el centro de Cosalá, a un módico precio por ser temporada alta en la que nos hospedaríamos (originalmente serían 2 noches: jueves y viernes). Una vez hecho esto, comenzaron los preparativos el mismo martes por la mañana: el miércoles por la noche alistamos nuestras maletas y continué leyendo sobre puntos turísticos para visitar una vez que estuviéramos por allá: desde una fuente natural de aguas termales, un sitio donde corren cascadas (Vado Hondo + Charco Azul), pueblitos mineros e históricos (Guadalupe de los Reyes y Reserva ecológica de Nuestra Señora), una serie de cavernas y grutas (Grutas México), la catedral de Santa Úrsula, la presa López Portillo, un salto en tirolesa entre el paisaje natural, etcétera, etcétera. Finalmente el jueves 17 de abril de 2014, a las 6:30 a.m., comenzamos nuestro recorrido en la camioneta familiar, una nueva adquisición del extranjero. Antes del recorrido hubo un incidente con mi hermana en la madrugada (tuvo dolores estomacales a causa de KFC… seré demandado por esto haha8)), y sólo dormimos prácticamente unas 2 horas y se me hace mucho. Quizá ni siquiera dormimos y sólo dormitamos, que son cosas distintas.

Aún somnolientos pero dispuestos a conocer lo que habíamos visto dos noches antes en documentales, recorrimos los poco más de 113 km que hay de distancia entre la cabecera capital de Sinaloa y Cosalá. El trayecto más largo y tal vez desesperante estuvo en el tramo final, pues el camino está lleno de curvas y más curvas, y un paisaje hermoso lleno de rocas, cerros, colinas. Para el ojo que está acostumbrado sólo al paisaje urbano, ver estas imágenes al menos unos segundos en movimiento por la ventana del carro es un deleite. Entonces, aproximadamente a las 9:30 a.m., si no es que un poco antes, llegamos a Cosalá tras atravesar un marco de piedra blanco que da la bienvenida a los turistas. En cuanto ingresas, notas algo peculiar en todo el escenario: parece que estás recorriendo un sitio en donde están filmando alguna telenovela histórica, o alguna película de la época colonial. Los senderos de piedra y mayoría de calles estrechas, en las que sólo cabe un sólo vehículo para su paso (por lo que es común tener que estar al pendiente de si cedes el paso a otro vehículo contrario, o pasas), junto con edificios pintorescos de distintos colores con una arquitectura que no ves en un sitio urbano actual, te transportan a otra época: viajas literalmente en el tiempo.

Después de instalarnos en el hotel, y de conseguir hielos para conservar los alimentos a refrigerar así como las bebidas, dimos un recorrido en la camioneta por los alrededores. Al estar Ruizueño en el mero centro del asentamiento, era fácil y rápido ver establecimientos comerciales de todo tipo: desde minisúpers, farmacias, fondas e inclusive un centro bancario Banamex. Sin embargo lo que mantiene en común a todos lugares es sin duda que respetan la arquitectura y diseños originales del edificio en donde están instalados: techos con vigas, salidas de agua por medio de tubos en lo alto de las fachadas de cada edificio, puertas de madera viejas. Inclusive las banquetas altas se mantienen. Era simplemente un paisaje maravilloso: caminar por sus calles (el viaje en camioneta al principio duró poco) te daba una sensación de estar en otro sitio muy lejos del que vivo pero a la vez más cerca de lo que parecía, de estar en la época colonial, de vivir en otro estilo de vida más despreocupado y sobre todo rural. Ninguna descripción que puedas leer sobre este lugar se compara a lo que ves estando presente ahí: es un lugar al que debes ir para creer y para sentir.

Si bien pensábamos acudir a varios destinos turísticos, no contábamos con un guía personal que nos platicara a detalle la historia y ubicación de cada uno de ellos, así que todo el viaje y recorrido fue por cuenta propia. Hubiese sido tal vez excelente haber transitado así por Cosalá, pero creo que lo vivido en este pequeño viaje ha sido suficiente e interesante. Mi hermana y cuñado desayunaron en un puesto de birria (bueno, yo también) cercano al centro. Después acudimos al sitio que marcaría todo nuestro viaje: conoceríamos la Reserva Ecológica Mineral de Nuestra Señora de la Candelaria, ubicada a 12 km al sureste de Cosalá. Nuevamente y como durante toda nuestra estadía aquí, hicimos el viaje por cuenta propia y sin conocer a ciencia cierta qué nos encontraríamos allá. Y sí, fue un viaje accidentado mayormente de terracería, pero al final llegamos poco después de mediodía. Antes de ingresar, hubo una especie de recinto natural donde árboles frondosos, ramas, vegetación abundaban. Era una vista preciosa, sin duda alguna. Unos cuantos sustos después al atravesar un sendero bastante estrecho que está delimitado sólo por el propio cerro (puede haber riesgo de algún accidente trágico, eso sí), llegamos al elevado sitio donde está la reserva. Cubierto un costo de ingreso por persona, descubrimos que este es propiedad de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), principal casa de estudios del estado. El caso es que nos colamos como estudiantes y tuvimos que pagar un precio bajo, además de que contamos con una joven guía por fin. Ella nos llevó a pie por un trayecto siempre cubierto de árboles y plantas, aunque el día era soleado y algo caliente. Atravesamos una serie de cabañas muy bonitas y lujosas en su interior, lo mismo que costosas para su alquiler. Subimos aún más arriba hasta llegar a una gran estatua en honor al bandolero Heraclio Bernal, nativo de Cosalá y conocido como el Robin Hood sinaloense (no sé si aún más que Malverde), en la que aparece montado en su caballo. Ahí está ubicado un mini museo interactivo con algunos objetos históricos que se han encontrado los pobladores de la región, y en donde otra joven guía nos explicó un poco más de la historia de Cosalá. Bajamos de nuevo y tomamos ahora por el otro sentido: a la derecha, en donde nos esperaba un recorrido mucho más accidentado lleno de piedras, tierra y que era principalmente de descenso. Primero vimos un sitio destinado a la crianza y reproducción de las Guacamayas, aunque no pudimos entrar ya que estaba cerrado temporalmente por ser período de reproducción (eso explicó esos gemidos y sonidos altos emitidos por estas aves). Seguimos bajando y vimos otro sitio en donde mantienen en cautivero a un pequeño ciervo que antes fue lastimado en su nariz por un perro. Continuamos bajando y cruzamos el sitio en donde está la tirolesa de 2 km de largo que se realiza entre medio de los cerros del lugar. Cortos de presupuesto y ya agotados, continuamos el recorrido en descenso y llegamos a un comedor en medio de la vegetación, muy al estilo de un picnic de caricatura del oso Yogui. Finalmente, en dos miradores distintos ubicados en el extremo del cerro en donde está la reserva, pudimos apreciar la belleza magnífica de este sitio: cerros de una altura descomunal uno tras otro a la lejanía. Fue un vistazo maravilloso. Subimos de nuevo para acabar nuestro recorrido y dirigirnos de vuelta al hotel, en donde todos excepto yo se bañaron en las albercas. Recorrimos a pie algunas calles cercanas para continuar apreciando la belleza colonial del sitio, y al filo de la noche acudimos a cenar a un restaurant que nos recomendaron: el Pueblito. La verdad es un excelente sitio también histórico (fue una plaza de armas anteriormente), con unas comidas exquisitas y a un precio razonable.

De vuelta en el hotel dormimos y a la mañana siguiente nos preparamos para salir y dejar Cosalá, después de que nos comentaran que los sitios donde hay arroyos, cascadas y demás están inoperables en esta temporada de calor y sin lluvias, mientras que las aguas termales son como un infierno por las altas temperaturas que hay. Las Grutas están a mucha distancia de Cosalá y además para ingresar se necesita pasar un territorio mucho más accidentado del que de por si ya habíamos experimentado. Ilusionados de volver en tiempos de lluvia cuando el sitio cobra otra nueva vista maravillosa de acuerdo a la joven guía de la reserva, partimos de vuelta a nuestro hogar no sin antes habernos llevado una tremenda buena sensación y experiencia de vida que nunca olvidaremos. Te recomiendo ampliamente visitar este sitio alguna vez en tu vida: no te arrepentirás.

Anuncios