TV Especial – Supernatural

supernaturalseason8jensHace dos años, hice un post lo más completo posible pero a la vez merecedor, sobre Supernatural, una serie que se ha conservado dentro de mi top como una de mis favoritas. Prácticamente toda mi adolescencia pasé viendo capítulos de la serie, así que guarda un significado especial para mí.

Las primeras tres temporadas ahondan en las travesías de los hermanos Winchester para buscar demonios, en especial aquel que mató a su madre. Pero una vez que lo logran matar, la trama se complica ya que Sam muere en la temporada intermedia de este trío inicial de la serie, así que Dean hace un pacto para vender su alma a cambio de que su hermano reviva. El alma de Dean es llevada finalmente al Infierno a pesar de los intentos duros de los Winchester por evitarlo en toda la tercera temporada.

Las siguientes dos temporadas introducen a los ángeles y al mítico Lúcifer. Esta etapa de Supernatural fue donde se alcanzó una madurez en la historia: la premisa original, como decía en el post anterior, se limitaba a los hermanos queriendo buscar al asesino de su madre, y continuando con el negocio familiar: cazar criaturas sobrenaturales. En estas historias aparece Castiel, que se vuelve desde entonces un personaje recurrente e incluso protagonista de la historia. Lo que me gusta especialmente de esto es que los ángeles no son los seres que se supone que son puros, transparentes, celestiales. Tienen poderes, sí. Pero se comportan con sentimientos humanos, buscan intereses propios, no saben qué hacer sin su creador Dios. Y la llegada de Lúcifer empeora las cosas, al querer traer consigo el Apocalipsis. La sexta temporada ve a Castiel queriendo proclamarse Dios con todas las almas del purgatorio para así gobernar el cielo, pero con ello asesina a varios de sus compañeros ángeles y el caos una vez más se abre paso cuando las almas del purgatorio son liberadas en la Tierra.

En la séptima temporada, se descubre que Castiel absorbió también a unos seres poderosos conocidos como Leviatanes. Aún cuando los Winchester logran encerrar de nuevo a varios espíritus en el purgatorio de nuevo, no pueden hacerlo con los Leviatanes, que poco a poco se apoderan de los cuerpos de humanos para cumplir con su misterioso propósito: ayudar a la humanidad buscando la cura para el cáncer. Sin embargo, como luego se descubrirá, esto lo hacen porque quieren convertir a la humanidad en su fuente de alimentación (al estilo de Hansel y Gretel, vaya: la bruja engorda a los niños para devorarlos al final). Su líder es un político llamado Dick Roman, que les dará más de un dolor de cabeza en los capítulos. Algo que vuelve a los Leviatanes importantes es que, a diferencia de otras criaturas, parecen ser inmortales. La única manera efectiva de matarlos es con el hueso de un mortal bañado con la sangre de tres caídos. Al final, Dean y Castiel logran matar a Dick, pero son enviados al Purgatorio a causa de ello. En esta temporada muere también Bobby, que actuaba como padre sustituto de los Winchester en las anteriores temporadas.

Personalmente la séptima temporada fue la más floja a mi parecer de toda la serie, y en ocasiones sosa y monótona. Los efectos especiales para los Leviatanes eran pobres: sólo tenían unas largas y afiladas mandíbulas parecidas a un tiburón en sus rostros, pero conservaban el cuerpo del humano que poseían. Eso no era intimidante para nosotros como espectadores. Y saber que eran inmortales al principio (lo de los huesos lo descubren hasta el final de la temporada), hacía que fuera aburrido ver los enfrentamientos: sabías que ganarían los Leviatanes cualquier batalla, puesto que no podían morir del todo. Casi podría decir que esta temporada es la única prescindible para cualquier fan de Supernatural: puedes ver la serie y aún saltándote esta, entiendes perfectamente de qué va la historia. Las actuaciones de Sam y Dean, la de Castiel y la de Crowley (este último es uno de mis personajes favoritos; el rey de los Demonios brinda actuaciones hilarantes, cómicas y es interesante verlo cada vez que aparece en alguna escena) es lo que rescata a esta temporada al fin y al cabo. Porque la historia de los Leviatanes simplemente no me convenció nunca.

Lo importante es que ahora que acabo de terminar de ver la 8va temporada, estoy totalmente satisfecho con el camino que está tomando la serie. Si bien, al final de la quinta estaba la incertidumbre de saber si ese final podía ser el mejor para Supernatural (Sam y Dean enfrentándose entre sí en la lucha del mal contra el bien respectivamente, para evitar el Apocalipsis), creo que esta octava temporada le ha hecho un bien excelente a la serie. Redimió lo soso y aburrido de la temporada pasada, y en cambio volvió a las raíces de las primeras temporadas: momentos cómicos y dramáticos, historias interesantes, giros bruscos en la historia, criaturas sobrenaturales clásicas a derrotar. Creo que es la más fiel de todas las temporadas al espíritu de la primera temporada: tanto que en la escena final del capítulo final de la temporada, quedé con una sonrisa en mi rostro.

En la octava temporada, vemos a Dean escapando del Purgatorio con ayuda de un vampiro llamado Benny, con quien ha desarrollado un importante vínculo de amistad, al luchar juntos en ese tormentoso sitio contra criaturas infernales. Así, Benny y Dean regresan a la Tierra. Pero Dean recibe un golpe duro al saber que su hermano Sam jamás intentó buscarlo seriamente, y al contrario comenzó una vida normal al buscarse una familia y pretender retirarse como cazador. Esto será un eje crucial en la historia pues veremos a Sam y Dean enfrentándose continuamente por esta razón: Dean sin superar el hecho de que su hermano nunca lo intentara salvar, y Sam extrañando su anterior vida normal. Una vez más vemos también a los ángeles en el cielo en medio de un caos, esta vez con una líder (que en realidad es sólo una ángel más, queriendo supremacia, al igual que muchos más. Hay que recordar que ya no hay arcángeles como sublíderes, así que cualquiera puede proclamarse líder al más puro estilo Juego de Tronos) llamada Naomi, que emplea tortuosas maneras para evitar que el cielo se autodestruya. Y con tortuosas me refiero a que tortura a sus propios compañeros ángeles a cambio de conseguir lo que busca: que Crowley no consiga ni las tablas del Cielo o de los Ángeles, que supondrían el fin del Paraíso.

Mientras tanto, los Winchester con ayuda del profeta chino Kevin Tran intentan traducir el contenido de las tablas del Infierno, para de una vez por todas acabar con todos los demonios de la faz de la Tierra, y por fin ver una luz al final del túnel en sus vidas como cazadores. Lógicamente Crowley evitará a toda costa esto en su papel como rey de los Demonios. La parte más interesante de esta temporada comienza justo en la mitad, cuando descubrimos que el abuelo de los hermanos viaja en el tiempo desde 1958, perseguido por un caballero demoníaco en posesión del cuerpo de una mujer, hasta la época de Sam y Dean (2013). En una subtrama de ese mismo capítulo, se revela que él no sabía de la muerte de su hijo John (padre de Sam y Dean) y que él en verdad nunca cuidó de John cuando era joven. Esto era porque el abuelo formaba parte de una sociedad secreta conocida como Los Hombres de Letras, que saben todos los conocimientos de hechizos, demonios y demás temas supernaturales para proteger a la humanidad. Se suponía que John debía pertenecer también a esta sociedad, pero en cambio al saber que su padre había desaparecido un día debió seguir una vida como cazador, enfrentar la muerte de su esposa por un demonio, y meter a sus hijos Sam y Dean al negocio familiar.

La historia de los Winchester como parte de esa sociedad secreta es una nueva etapa de madurez de la historia, pues saber que los antepasados de Sam y Dean ya se enfrentaban a lo paranormal, y que hay criaturas más temibles aún que los propios demonios, devuelve un total interés a la trama de Supernatural. En la segunda mitad de la temporada también vemos a los ángeles y demonios obsesionados con saber el contenido de las tablas del cielo y del infierno, interviniendo para conseguir esas informaciones vitales para su supervivencia, y a los hermanos metidos en medio de todo el asunto. Creo que ha sido la temporada más compleja de todas en la historia de la serie: muchas historias en una sola, pero acompañado de un regreso al tono clásico de las primeras temporadas, con un eje central: el fin ya sea del cielo o del Infierno. Al final, el cielo pierde la guerra en un giro brusco de la historia totalmente inesperado, y vemos una escena maravillosa por el peso emocional que conlleva: la caída de todos los ángeles a manera de meteoritos a la Tierra, al ser expulsados del cielo y perdiendo con ello toda su gracia celestial. Estoy ansioso por saber qué nos depara en la novena temporada que comienza en octubre. Lo que sí estoy seguro es que de seguir así, Supernatural seguirá por varias temporadas más porque con esta ha resultado en un total acierto para todos los seguidores de la serie como yo.

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